las estrellas titilan como nunca,
y las nubes se mecen con la brisa.
Casi es medianoche.
Por un caminito un rojo amarillento llega
cargando aromas de fina hierba
y ricos manjares para ofrecer
al niño Dios que está por nacer.
Sobre una montaña en una pequeña cueva,
José y María aguardan pacientemente.
Se abrieron las nubes, asomó un lucero.
Baló una oveja, rebuznó el burro
llegaron los reyes
cuando una fina lluvia dorada caía.
Erosiona una luz y en un acto de fe
en una cuna de paja muy suave
se escucha el quejido de un tierno bebé.
María sonríe, José se sorprende
ha llegado el niño, el niño Jesús.
Una algarabía de rostros sonrientes
alaban al niño que mira a su madre
mientras los pastores le rinden su amor.
Aleluya hermanos, cantemos felices
que ha llegado el niño, el niño Jesús.





